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    Decidí seguir: testimonio de un periodista en el exilio

    Destaca la importancia del apoyo de organizaciones a favor del periodismo crítico.

    24 de agosto de 2026 - 15:26
    El periodista nicaragüense Octavio Henriquez cumplió cinco años fuera de su patria.
    El periodista nicaragüense Octavio Henriquez cumplió cinco años fuera de su patria.
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    Por Octavio Enríquez*

    Una manera de explicar la salida masiva de periodistas de Nicaragua fue compararla con una evacuación de emergencia. Nos vimos en medio del desastre y había que salir del país para sobrevivir. El poder nos colisionó.

    Pero la expansión de los autoritarismos se suma a un paisaje cada vez más brutal contra las libertades en la región. A veces son tantos conflictos que dan ganas de bajarse del globo, como pensó Mafalda. Yo preferí quedarme.

    Veamos mis razones: Primero las personales. En el jardín de mi casa yo tenía una gardenia, el retrato de mi padre sonriendo un día antes de morir. Tenía una biblioteca e iba creciendo un árbol que sembré. Aquel lugar fue nuestro hogar; un domicilio donde vivieron mis hijos cuando eran niños, su perra, un conejo, una gallina, y un gallo que me ayudaba con su canto a que las clases que impartía en línea fueran menos aburridas.

    Dejar eso duele, pero debo mirar hacia adelante. Cumplí cinco años en el exilio en 2026. Y no ha pasado un solo día en que haya dejado de reflexionar sobre la importancia del periodismo.

    Para nadie de los que hemos vivido esta experiencia, esto ha resultado fácil. Hay noticias gratificantes, por supuesto, en el camino. Fui viendo crecer a mis dos hijos adolescentes en un ambiente seguro en España con amigos centroamericanos, españoles, africanos y chinos.

    Si bien el exilio inició como una evacuación de emergencia, se convirtió rápidamente en una crisis permanente por la persecución de los medios independientes, el problema para encontrar un nuevo modelo de negocio y la crisis de la falta de financiamiento. Todo se volvió una tormenta perfecta en el auge de la desinformación, es decir, cuando el periodismo profesional es más urgente.

    Los periodistas se quedaron sin opciones laborales. Cualquiera volvía a ver a medios grandes en América Latina. Todos estaban en misión supervivencia. El periodismo literalmente convertido en un acto de fe. Yo creo en el periodismo.

    En algún momento estudié almacenes para tener otra opción con que ganarme la vida. No era una mala idea, probablemente estuviera más tranquilos desde el punto de vista financiero. Vivo en una ciudad donde hay muchos y no me era indiferente este tipo de trabajo, porque mis padres tuvieron una tienda en el mercado Oriental en Managua. La idea de trabajar con mercadería entonces ya la conocía desde mi niñez, lo mismo que la atención al cliente. Pero quise seguir con el periodismo.

    Aprendí muchísimo en mi curso de almacenes. Tengo otra profesión que puedo ejercer si las cosas no siguen bien en el sector periodístico en los años venideros. En mi etapa de estudiante, mis amigos españoles me decían “el profe” con cariño cuando me subía a un “torito”, como llaman aquí a las montacargas.

    Les conté mi historia. La mayoría fueron solidarios ante el abuso de poder contra mi familia y yo. Me gradué. Fui hacer mis prácticas a una empresa. Pero yo sentía que, si me metía a trabajar en eso, moriría mi oficio periodístico. El exilio es una pragmática adecuación a la realidad, pero yo preferí ser terco.

    Uno de mis maestros de periodismo, Danilo Aguirre Solís (DAS), quien fue director de El Nuevo Diario, me dijo en mi juventud que nuestro trabajo era tan necesario como el pan.

    Para él este trabajo no es algo común, donde solo se cobra el salario. Todos los días se subía a su microbús y escuchaba siempre la radio. Tenía un periódico en la cabeza. Lo del pan, mencionado por DAS, como le decíamos sus alumnos en la redacción, siempre me gustó.

    Pienso en esa frase habitualmente en el exilio, aplicándola a contextos autoritarios. Contra el intento de censura, debe brillar siempre la calidad del periodismo.

    Según la Fundación por La Libertad de Expresión y Democracia, 310 periodistas y trabajadores de medios salieron de Nicaragua al exilio desde 2018. A pesar de que algunos se han retirado —para buscar otros trabajos con los cuales sobrevivir, lo cual es legítimo y racional— hay otros que continuaron. El esfuerzo para que lo logren ha sido colectivo.

    Quiero referirme en este artículo al trabajo de las organizaciones por el periodismo independiente. Les voy a dar dos ejemplos internacionales relacionados con este esfuerzo de mantener el periodismo vivo: Uno es la plataforma latinoamericana Connectas, dedicada al periodismo de investigación que me acogió en el momento más crítico, donde nunca me faltó un amigo. En ese lugar, cada vez que vuelvo, me siento en casa.

    Las redes profesionales han sido fundamentales para investigar al poder y formarnos como editores. A mí Connectas, me enseñó muchas cosas más. No solo lo técnico, también lo humano, porque siempre encuentro a alguien con quien comparto valores adonde viajo.

    El otro sistema del que quiero hablar es la Red Latinoamericana de periodismo en el exilio (Relpex). La Sociedad Interamericana de Prensa creó un programa para periodistas en el exilio, en medio de las urgentes necesidades de quienes todavía siguen ejerciendo. Tiene 500 miembros.

    El respaldo se extiende a medios de comunicación y ha permitido la publicación de reportajes e historias de interés público.

    La gran tragedia es que el fenómeno de periodistas forzados a irse de su países va en aumento. El poder considera al periodismo como enemigo. Eso, por supuesto, no es nuevo, pero asusta ver como profesionales de distintas partes del mundo comparten, además del amor a su trabajo, la persecución.

    El periodismo ayuda a formar criterios. Ese es un elemento esencial para el espacio democrático que obviamente no desean los tiranos de nuestra región. Si los latinoamericanos saben de lo que han sido capaces los autócratas de nuestros países es porque hubo periodistas y medios valientes que lo documentaron. Hay mucho que agradecer a nuestras fuentes y a las víctimas que han contado su testimonio, pero el periodismo es vital para hacer caer las máscaras de tantos perpetradores de abusos.

    Hace algunos años, yo expresé que la profesión me salvó. Es una frase justa. Pero quiero hablarles también de mi esposa. De ella aprendí a resistir sin tanta palabrería; por ella, mi polo a tierra, estamos un poco mejor. También agregaría a mi lista de agradecimiento a mis amigos, a los países que nos han acogido; las voces de aliento fuera de nuestro círculo que nos han animado a contar la próxima crónica sobre Nicaragua y al medio donde laboro. Pensé ilustrar con una foto este artículo  y no se me ocurre otra que un sol naciente.

    * Editor nicaragüense. Ganador de los premios Ortega y Gasset, Rey de España, IPYS y a la excelencia de la SIP

     

     

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